Su pensamiento

Imagen barcelonesa de la Capilla Salesiana  frente a la oficina del P. Jaime
Imagen barcelonesa de la Capilla Salesiana frente a la oficina del P. Jaime

 

 

 

 

 

 

 

 

"!María es el polo femenino de la Redención!"


"Quiero creer que soy sacramento para mis hermanos y que ellos son sacramento para mí.Que me necesitan, que soy indispensable para ellos como una presencia del amor de Dios y que yo los necesito como una presencia de Dios a mi lado". 


"QUIERO CREER que en este momento de mi vida el Padre Celestial me llama, me consagra y me envía con una novedad tan absoluta que tengo que dar una respuesta absoluta y radicalmente nueva ¡esa respuesta soy yo mismo! "


"QUIERO CREER que Dios cree en mí, porque Él se vale de los instrumentos pobres". 


 

 

 

 

 

 

"Me lleno de esperanza como don sobreabundante del Espíritu Santo que hizo del carisma salesiano santidad contagiosa de esperanza". 


Señor ¡Yo quiero amar! haciéndome presente en la vida como tú lo hiciste, inerme, desvalido, sin nada entre las manos, en silencio, en actitud de escucha, llegar como tú llegaste a ser hermano. 


"Señor dame Tu la Maestra que te enseñó a amar.Que fue la misma que enseñó a Don Bosco la presencia encarnada y el mensaje pascual. Que yo aprenda, Señor a estar presente,con tu luz, tu sonrisa y tu bondad,como Don Bosco sin cansarme de amar".


ÉTICA – DERECHOS Y DEBERES

Cabe preguntarse sobre el porqué de la recurrencia de tener que tratar el tema enunciado en el título, cuando la premisa más ineluctable es que el “homo sapiens sapiens”, precisamente por esta característica, es ético por naturaleza. La ética es un concomitante inseparable de la naturaleza humana, la identifica como exclusiva entre todos los seres vivos y es el soporte del tener que ser en relación para poder ser. Es decir, el hombre sólo puede existir en la dimensión de relación con los demás.  Relación ésta  que no se limita a los semejantes en cuanto “sapientes” sino que, además,  implica el entorno o escenario de naturaleza en que se produjo la evolución de los vivientes hasta el nivel de “sapientes” y de toda la experiencia de humanidad acumulada durante miles y miles de años hasta el día de hoy.

 

La ética envuelve toda la parábola humana desde el comienzo del ser hasta el fenecer, tanto individual como colectivamente. Compromete  la responsabilidad de cada uno consigo mismo en el ámbito de la inteligencia-conciencia para  el desarrollo de su vida y, dado que ésta está en dimensión de relación, vincula con la sociedad,  con referencia última al género humano. La ética constituye el mínimo de principios compartidos para poder construir la sociedad y vivir como parte de la misma.  

 

La ética surge de la experiencia de la convivencia humana y forma parte esencial de la cultura, conformada ésta por todas las experiencias que el grupo humano va seleccionando como la mejor manera de solucionar sus necesidades materiales y espirituales, adaptación al medio ambiente y la regulación de las relaciones humanas y la vida social.  Lo que se traduce en los “valores ideales” o modos de pensar que hay que tener para pertenecer al grupo y que  comprende las “costumbres” que lo caracterizan y se imponen a todos y llegan a tener la fuerza de  ley. La ética entraña los derechos y deberes de cada uno para consigo mismo y los demás y converge al “derecho” que regula la vida social.

 

La perennidad de la ética no quiere decir su invariabilidad. Es una entidad que, teniendo que responder a los cambios de la cultura, no queda definida una vez por todas. La cultura es de carácter hereditario pero también evoluciona y crea novedades. El gran interrogante que genera todo esto es en qué sentido y hasta qué punto la ética es perenne y hasta dónde puede ser variable sin dejar de ser lo que tiene que ser como esencial al hombre y a su dignidad.

 

Cómo quisiéramos conocer cuánto ha crecido, desde sus orígenes, el hombre en humanidad. Lo que remitiría a preguntarse qué queda de la ética original en la sociedad tan compleja que nos toca vivir. ¿Estaremos ante una ética sustancialmente diferente?

 

Nos referimos al salto cualitativo inconmensurable entre la sociedad tradicional a la sociedad urbano industrial. Mucho más si llegamos a la llamada “postmodernidad” que parece constituir el polo opuesto de lo que entendemos por orígenes del género humano y la transformación del mundo confiada a su condición “sapiente”. Y esto en referencia limitada a la sociedad occidental de origen cristiano pues no sabemos el grado de influencia que estas transformaciones hayan tenido en las otras culturas que son las de la mayoría de la población mundial. La época actual es de grandes debates en este sentido y más que con respuestas, lo más seguro es que nos encontraremos con más y más interrogantes.

 

“Las grandes transformaciones aceleradas que generó la revolución industrial en sus dimensiones científica, política y productiva han roto violentamente los esquemas de convivencia social. La rotación de los ejes en que se movía la sociedad, lo mismo que la de los ejes de poder, hacer sentir insuficientes las éticas que eran fundamentales y sugieren la institucionalización de formas diferentes de juicio moral y de acción social. ‘Lo que existe es la historia de los hombres. Existen los artefactos técnicos que creamos: ya no hay un mundo natural que hable de Dios, sino un mundo de segunda mano que habla del hombre’ sostiene Leonardo Boff. Es el mundo secularizado” [i]

 

Son muchas las angustias existenciales que surgen ante las crisis enormes que se presentan en la vida social, la convivencia. ¿Estaremos creciendo o decreciendo en humanidad? ¿Hacia dónde vamos? ¿Supervivencia o extinción?¿Cómo enfrentar el pluralismo y antagonismos en las diversas concepciones de ética que existen y se confronatn? Muchos más interrogantes están en el ambiente social occidental.

 

A lo que se agregan los problemas  medio-ambientales de una gravedad tal que antes no se sospechaba: ahora se experimentan consecuencias letales en el enloquecimiento del clima, el calentamiento de la tierra, inundaciones, tempestades brutales, inviernos más rigurosos que nunca. Se había dejado de lado la relación del ser humano con su entorno habitacional.

 

CON UNA TRAYECTORIA DE YA CUATRO DÉCADAS…

 

está  la Bioética como un intento remedial y preventivo sobre las influencias negativas de la tecno-ciencia sobre la naturaleza y la convivencia humana. El oncólogo Van Rensselaer Potter la concibió como un puente entre las dos culturas de las ciencias y las humanidades que se ven incapaces de dialogar entre ellas.

 

De manera operativa, el Dr. Fernando Sánchez Torres la describe así: “La Bioética es una ciencia, una disciplina, una doctrina, una filosofía, un instrumento, un saber cuya razón de ser es la supervivencia de la especie humana sobre el planeta Tierra. Siendo así, el epicentro de la Bioética es, en primer término, la especia humana: por tanto, es antropocéntrica.

 

“Dado que la supervivencia del hombre depende en mucho del  ambiente que lo rodea del -oikos- es decir del ecosistema, por extensión la Bioética viene a ser antropoecocéntrica. Pugnando por la protección del ecosistema y de todo lo que este encierra –diversas formas de vida- la Bioética es vitacéntrica y beneficientista.[ii]

 

El discurso meramente ético se vuelve así bioético, es decir, en relación directa con la vida. En otras palabras, el ser humano como el mayor bien que existe sobre la tierra y, por tanto, la vida humana como tal y la fuente y escenario de la misma, lo que conocemos como la naturaleza.

 

Las grandes discusiones sobre el fundamento de la ética en una sociedad secularizada y pluralista se pueden encontrar en el ámbito de la Bioética  por su carácter interdisciplinario y por su posibilidad y deber de tener en cuenta las inmensas tradiciones de la humanidad, religiosas y no religiosas, en que se encuentran y con las que se identifican tantos millones de personas que buscan no sólo la supervivencia de las generaciones actuales sino dejarles un mundo mejor a las generaciones de niños y jóvenes que ya están presentes.

 

Superado, más aún desbaratado un cierto grado de unidad ética en la sociedad occidental de tradición cristiana, el tema queda abierto en el ámbito de la Bioética alrededor de la vida. La salvación de la vida y la supervivencia del género humano, ¿no exigirán  la búsqueda de una ética universal que nos sirva de punto de referencia a todos, dado que nos amenazan los mismos peligros y la respuesta exige el esfuerzo de todos? La Bioética es hoy el campo de esta búsqueda.

 

Nos horrorizan el hambre que existe y aumenta en el mundo, la contaminación de los ambientes, la degradación de la calidad de vida para millones de personas, la desaparición de bosques, especies, nieves perpetuas, la desertización creciente, el ruido ensordecedor y muchas otras circunstancias que privan a la vida humana de su condición amable, la posibilidad de que todo pueda quedar aniquilado en una explosión del poder acumulado de potencial destructivo.

 

La Bioética nos obliga a encontrarnos con estas realidades terribles pero con razones de esperanza y de posibilidad de acción concertada. Los seres humanos somos creadores del pensamiento ético y de la búsqueda de entendernos entre nosotros y la posibilidad de conjurar lo que, según algunos, habría comenzado a ser irreversible.  Tenemos que volver a darle a la vida su sentido de bien supremo y absoluto y empeñar en ello nuestra conciencia.

 

La movilización humana alrededor de la Bioética es el puente, el camino para que no haya sin salidas a las situaciones que conocemos, al menos por información.

 

Y, en un mundo secularizado, las religiones también tienen mucho que decir. No hay oposición entre ciencia y religión. El diálogo se puede establecer en la Bioética como puente entre polos opuestos, entre lo palpable y científico y el valor de la vida, entre lo material y lo trascendente. Lo cierto es que tanto la laicidad como la fe religiosa tienen los mismos deberes con respecto al respeto por la vida y su conservación, aunque sus motivaciones sean diferentes. La vida es el valor que nos une y la Bioética el espacio en que nos podemos  y debemos sentar a dialogar y que nos brinda motivaciones unitarias  para buscar soluciones comunes ante males ingentes que nos amenazan por igual.

 

  

[1] Jaime Rodríguez F. SDB. “La Bioética como mediación racional entre la fe y la cultura” en ICEB – CURSO DE BIOÉTICA – JUICIO CRÍTICO, Comp. Fernando Sánchez Torres, Bogotá, Giro Editores Ltda., 2007,  pp.139-240,

[1][1] Ib. P. 284

 



 Último escrito del Padre Jaime Rodríguez Forero SDB sobre Bioética, Febrero 11 del 2011.

 

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